sábado, 31 de octubre de 2015

Noche de difuntos

Este relato lo escribí hace tiempo pero como hoy es noche de difuntos... pues lo recupero del baúl. Mi pequeño homenaje a ese relato fantástico de Bécquer: El monte de las ánimas, fue leerlo y enamorarme de sus leyendas por completo.



LA NOCHE MÁS FRÍA DEL MUNDO por Lola Alarcia

Faltaba aún una vuelta para que el reloj terminara el día. Hacía frío, pero no se sentía en la piel, nacía dentro, donde los huesos entran en contacto con la carne, de nada sirve acercarse a una hoguera o cubrirse con otra manta. Tras los visillos de una ventana se advertían dos enormes ojos verdes.  Miraban fijamente al hombre que se deslizaba sobre los adoquines que de día provocaban el traqueteo de los carros. Llevaba un sombrero bien calado que impedía ver su rostro. Lorna sonrió, sabía quién era el embozado y corrió a abrir la puerta sin esperar a que llamara.
-Pensé que no vendrías –dijo retirándole la capa.
-Nada me impediría acudir una noche a tu lado –contestó sosteniendo entre sus manos enguantadas las de la mujer.
-¿Ni siquiera las almas atormentadas de los difuntos? –le preguntó con la boca torcida en esa sonrisa que había vuelto locos a tantos otros.
-Ni siquiera eso –le dijo borrando la sonrisa de su boca con un beso.
Lorna lo invitó a pasar y le sirvió una copa de licor. Se sentó frente a él y se soltó el pelo sacudiendo la cabeza. Él estiró el brazo hasta rozar la piel de Lorna. Nunca se había enamorado, pero sabía que aquello era lo más parecido. Era el primer hombre sin dinero que besaba sus labios.
Rodrigo era un pobre escritor que apenas tenía dinero para pagar un cuartucho en el que escribir sus historias. A Lorna le encantaba que le leyera. Se había acercado a él porque era muy guapo y había descubierto que no podía vivir sin él.
Un golpe seco rompió el silencio. Alguien llamaba a la puerta. Lorna le pidió a Rodrigo que guardara silencio y se cubrió con un delicado batín de seda que imitaba un kimono. Abrió la puerta al tiempo que se ataba el cinturón y se estremeció al ver el rostro del hombre que había en el umbral.
-Buenas noches –dijo.
-Es tarde, ¿qué le trae por aquí señor de la Vega?
-Ya lo sabes –contestó.
Siempre había buscado hombres con dinero, se había pasado la vida conquistándolos, casados o no, siempre y cuando fueran poderosos y allí tenía al hombre más poderoso de la ciudad. Pero nunca estaría con él. Era pelirrojo. Su madre había sido clara con aquello. Nunca debía dejar que un pelirrojo yaciera con ella. Solía decirle que traían mala suerte y que lo mejor que una podía hacer era mirar para otro lado si uno se le cruzaba en el camino. Pero había más. No quería estar con otro hombre que no fuera Rodrigo. Aquella vida había quedado atrás. Ahora era una nueva Lorna y no aceptaría jamás a aquél hombre.
-¿No vas a dejarme entrar? –insistió el hombre.
-No quiero ser grosera con usted… pero no puedo estar con un hombre al que no amo –no logró que el señor de la Vega la creyera, pero ella sí lo hizo por una fracción de segundo.
El reloj de la torre comenzó a llorar su agudo tañido anunciando que todavía quedaban treinta minutos para media noche.
-Vamos Lorna, los dos sabemos que yo soy tu mejor opción. Sé que te ves con un escritorzuelo que va por ahí con remiendos en la ropa –Lorna se cubrió con la bata como si la brisa de la noche hubiera entrado en su casa –Él nunca podrá darte lo que yo. Vamos, dime qué quieres y te lo daré.
Lorna sintió el impulso de abofetear a ese maldito hombre que se había obsesionado con ella. No sabía si el odio que sentía por él era porque su madre había logrado que aborreciera a los pelirrojos o si por el contrario lo odiaba porque no había sido ella la cazadora en aquella ocasión. Tenía que hacer algo para alejarlo, aunque sólo lo apartara esa noche. Una luz iluminó sus enormes ojos verdes.
-La verdad es que sí podría hacer algo por mí, señor de la Vega –comenzó Lorna.
-Lo que me pidas.
-En la aldea del norte vive un maestro orfebre muy afamado…
-He oído hablar de él.
-Hace tiempo se me antojó un delicado broche de plata que ese mismo joyero muestra cada mes en el mercado. Es muy caro y…
-No hace falta que digas más, pasado mañana lo tendrás –le prometió de la Vega.
-Oh, bueno, yo creí que iría ahora a por él –Lorna cruzó el umbral de la puerta dejando que su bata se abriera.
-¿Ahora?
-Sí –dijo acariciando las solapas del abrigo de de la Vega. El hombre se revolvió nervioso.
-Pero esta noche es treinta y uno de octubre.
-Lo sé, usted dijo que tendría lo que le pidiera y quiero el broche esta misma noche.
-Es muy tarde, regresaré de madrugada…
-Estaría muy agradecida de poder lucir ese broche.
-Pídeme lo que quieras, lo que sea, pero no me hagas salir esta noche de la ciudad.
-¿Lo decís por las leyendas? ¿Un hombre como usted cree en cuentos de vieja?
De la Vega se estiró como si alguien lo hubiera sorprendido haciendo algo malo y miró fijamente a Lorna.
-Te di mi palabra de que tendrías lo que me pidieras y aunque en el camino me encuentre con las almas de los mil caballeros muertos tendrás el broche en tus manos antes del alba.
El hombre se volvió y desapareció entre la niebla. Lorna se acarició los hombros al tiempo que volvía adentro. Rodrigo estaba en pie con la capa sobre los hombros y el sombrero en las manos.
-¿Te vas?
-Pronto darán las doce y quedé con el editor en llevarle los cuentos antes de media noche –Lorna se acercó a él y lo abrazó. –Te diré lo que haremos –le dijo apartándola para mirarla a los ojos. –Mañana vendré a buscarte con algo para desayunar y te leeré mi cuento mientras disfrutas de los más exquisitos manjares que mi nuevo sueldo pueda pagar.
-Está bien, pero toma –recogió una llave aparador y se la entregó a Rodrigo –Ten, eres el único que tiene las llaves de mi casa –Lorna le dio un beso y desapareció escaleras arriba.

Las campanas de la torre la despertaron. Se había acostado casi a media noche y aquel toque de difuntos debía haber sonado entonces y no ahora. Apartó las cortinas del dosel y vio la luz de la luna que se colaba tímida por su ventana. La niebla se había abierto. Se recostó sobre la cama y cerró los ojos hasta que escuchó que alguien llamaba a la puerta. Su primera reacción fue sentarse en la cama. El pánico se apoderó de ella, pero en el mismo instante en que escuchó que la puerta se abría rompió a reír. Sólo era Rodrigo, que finalmente había decidió pasar la noche con ella. Sus pasos se escuchaban perfectamente sobre las maderas del suelo y el tercer escalón protestó ante el peso del hombre que subía. El siseo de las gruesas ropas invernales se oía nítido ya y la puerta de su dormitorio comenzó a abrirse. Fue entonces cuando Lorna supo que el hombre que entraba no era Rodrigo. El aroma de su loción para el afeitado no llegó hasta ella pero sí lo hizo el de la sangre.
Lorna buscó desesperada la lámpara de aceite que tenía sobre su mesilla, pero sus temblorosas manos la derribaron. Buscó con su mano las cerillas para poder encender aunque fuera una vela pero su rostro se quedó paralizado en una mueca de horror cuando una mano gélida y húmeda se cerró sobre su muñeca. Un último grito de terror abandonó su garganta y quienes lo escucharon se estremecieron bajo sus mantas.
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A la mañana siguiente Rodrigo llegó a la casa y al ver sobre el suelo las huellas de sangre y barro corrió a la habitación de su amada encontrándola sobre su cama, el rostro desencajado, los verdes ojos opacos, sus cabellos llenos de hebras plateadas y sobre su regazo un broche de plata. No había señales de violencia en ella, la única sangre que manchaba su cuerpo era la huella de una mano en su muñeca.
Rodrigo dejó caer sobre la alfombra el desayuno y el periódico dejando ver en la primera página la noticia de la trágica muerte del Conde de la Vega aquella misma noche en el camino del norte.

domingo, 14 de abril de 2013

Retomando antiguos proyectos

Hace tiempo que empecé tantas cosas que me vi obligada a dejarlas aparcadas una tras otra. No era el momento adecuado. Por eso ahora, lentamente voy sacando del baúl todas esas cosas que tengo pendientes antes de que me arrepienta de no haberlas terminado. Jane Doe es un relato que escribí hace un par de años y que quise trasladar a cómic. Ésta es la protagonista del mismo en una prueba que he realizado para la portada del primer volumen.

martes, 2 de abril de 2013

Bajo la lluvia

Como las lluvias no paran, comparto con vosotros una colección de fotos bajo la lluvia de la Plaza Alta de Badajoz, la escalera que lleva al museo arqueológico y -cómo no- la Torre Espantaperros.


 

domingo, 3 de febrero de 2013

Badajoz
Hace mucho que no subo fotos de mi ciudad, aquí van unas cuantas. Son casi todas del centro realizadas el 22 de diciembre durante el I rally fotográfico del casco antiguo en el cual no me comí un rosco.















jueves, 3 de mayo de 2012

Fotografías de primavera

Que tengo abandonado el blog es obvio, pero últimamente tengo abandonada también la fotografía así que he cogido la cámara y me he puesto manos a la obra. Aquí tenéis unas fotos para compartir con vosotros.





domingo, 5 de febrero de 2012